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De la misa a la cancha: el padre Ricardo también juega futbol

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Los domingos puede celebrar varias misas antes de ponerse los tachones y correr hacia un partido. José Ricardo Macías tiene 40 años, es sacerdote, juega como medio ofensivo y alguna vez tuvo la oportunidad de probarse con las Fuerzas Básicas de Chivas. Eligió el seminario, pero nunca dejó el balón.

Por Sergio García Ledesma

Hay domingos en los que José Ricardo Macías Quijas llega tarde al partido por una razón difícil de discutir con el entrenador:

estaba celebrando misa.

En una ocasión, su equipo Valenciana Materiales Zoquite ya disputaba un encuentro en el Macro II cuando el sacerdote apareció para jugar el segundo tiempo. Venía precisamente de cumplir con sus actividades religiosas.

Entró a la cancha y ayudó a su equipo a conseguir una victoria por 4-1.

La escena resume bastante bien la vida del padre Ricardo: primero el sacerdocio; cuando el horario se lo permite, futbol.

Sacerdote, sí. Pero cuidado con el caño

Tiene 40 años, nació en León, en el barrio de San Bernardo, y desde hace cinco años vive en Guanajuato capital, donde atiende a feligreses del Pueblito de Rocha y comunidades y colonias cercanas.

Pero cuando cambia la vestimenta sacerdotal por el uniforme deportivo ocurre algo curioso.

Ricardo juega como medio ofensivo y le gusta tener el balón.

Hace “caños”, intenta “sombreros” y de vez en cuando saca alguna jugada inesperada. Aunque inmediatamente hace una aclaración:

“Lo hago porque son artes”, explica, y no para poner en evidencia al rival.

Porque una cosa es respetar al prójimo y otra, aparentemente, desperdiciar la oportunidad de hacer un túnel.

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El futbol llegó primero… casi al mismo tiempo

Ricardo juega desde los nueve años.

Y por aquellos mismos años también era monaguillo.

Su gusto por el futbol tiene mucho que ver con su padre, Chayo Macías, quien continúa jugando después de los 60 años y, cuenta Ricardo, es bastante conocido dentro del futbol leonés.

A los 15 años ingresó al seminario. Eso tampoco significó guardar los tachones.

“En el seminario se practican muchos deportes y ahí seguí jugando”, recuerda.

Su habilidad incluso llegó a poner frente a él otro camino.

Durante su juventud fue elegido para acudir a Fuerzas Básicas de Chivas de Guadalajara.

Ricardo tomó otra decisión.

Eligió su vocación sacerdotal.

Pero nunca tuvo que elegir entre ser sacerdote o volver a tocar un balón.

¿Tus rivales saben que eres sacerdote?

No siempre.

Y eso produce algunas situaciones peculiares durante los partidos.

Como cualquier futbolista, se ha encontrado con rivales que entran fuerte, partidos intensos y uno que otro golpe.

“En el campo se entiende que el deporte es competencia y sí me han tocado rudezas, algo de golpes, pero al final todo tranquilo. Algunos no saben que soy sacerdote; otros, cuando se dan cuenta, no me la creen”, cuenta.

Actualmente sigue jugando con Valenciana Materiales Zoquite, equipo al que llegó invitado por uno de sus propios feligreses.

También participa, cuando sus responsabilidades se lo permiten, con Santa Fe en la Liga del Cerro del Cuarto y con Micheladas El Jarocho en la liga de veteranos de Puentecillas, además de algunos encuentros entre semana.

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Antes del partido pueden venir varias misas

El verdadero adversario para Ricardo probablemente no sea el defensa que intenta quitarle el balón.

Es el reloj.

“Primero el trabajo”, dice.

Los domingos puede tener celebraciones religiosas a las 7, 8, 9, 10 y 12 del día, y explica que algunas jornadas llegan a sumar hasta nueve misas.

Atiende zonas como Pueblito de Rocha, Presa de Rocha, Noria Alta, Camino Minero, Maravillas, El Espejo y Santa Fe.

Después, si los horarios coinciden, intenta llegar al futbol.

Hay cosas que no tienes que abandonar

Para Ricardo, además, el deporte no está separado completamente de aquello a lo que decidió dedicar su vida.

Considera que practicarlo puede ayudar a formar mejores personas y fortalecer valores como disciplina, convivencia y respeto.

Y quizá ahí está lo interesante de su historia.

A los jóvenes nos preguntan constantemente qué queremos ser, como si elegir una cosa significara necesariamente renunciar a todas las demás versiones de nosotros mismos.

Ricardo eligió ser sacerdote.

Eso no hizo desaparecer al niño de nueve años que quería jugar futbol.

Ni al adolescente que siguió jugando en el seminario.

Ni al joven que alguna vez tuvo frente a sí la posibilidad de probarse con Chivas.

Hoy puede pasar de celebrar misa a ponerse los tachones, llegar al segundo tiempo y pedir la pelota.

Porque algunas pasiones cambian de lugar cuando elegimos nuestro camino.

Pero no necesariamente tenemos que dejarlas en la banca.

Por: Sergio García Ledesma.

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