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Respetar lo diferente también nos hace crecer

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No todas las personas creen lo mismo, celebran las mismas cosas o ven la vida de la misma manera. Y aunque a veces las diferencias pueden generar choques, aprender a convivir con ellas también es parte de crecer.

No tenemos que pensar igual

Vivimos rodeados de personas diferentes a nosotros.

En nuestra familia puede haber alguien con creencias distintas. En la escuela o el trabajo podemos conocer personas con otras costumbres. Y en redes sociales nos encontramos todos los días con opiniones, formas de vivir y maneras de entender el mundo que quizá nunca habíamos considerado.

A veces eso nos encanta.

Otras veces nos incomoda.

Y es bastante normal.

El problema comienza cuando creemos que pensar diferente significa que alguien está equivocado, que vale menos o que merece ser atacado.

No necesitamos pensar igual para convivir.

Las diferencias también cuentan historias

Detrás de una creencia, una tradición o una costumbre suele existir una historia.

Puede venir de una familia, de una comunidad, de una región o de generaciones que encontraron en ella una manera de explicar, celebrar o darle sentido a la vida.

Por eso, antes de burlarnos de algo que no conocemos, quizá valga la pena preguntar:

¿Por qué esta persona cree en esto?

No necesariamente para estar de acuerdo.

Simplemente para entender.

Y entender no significa adoptar las ideas de alguien más.

Significa reconocer que nuestra forma de ver el mundo no es la única que existe.

México es un ejemplo perfecto

México es un país enorme y diverso.

No vivimos las mismas tradiciones en Guanajuato que en Yucatán, Oaxaca, Sonora o Chiapas. Incluso dentro de un mismo estado existen comunidades con costumbres, celebraciones, comidas, formas de hablar y expresiones diferentes.

Y eso es precisamente lo interesante.

Podemos compartir un país y, al mismo tiempo, tener identidades culturales muy distintas.

Guanajuato también es resultado de esa mezcla de historias, comunidades y generaciones que han ido dejando su huella.

Por eso, hablar de cultura también significa hablar de diversidad.

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Respetar no significa estar de acuerdo

Esta quizá sea una de las cosas más difíciles de aprender.

Respetar las creencias de otra persona no significa que tengas que compartirlas.

Puedes no practicar una religión y respetar a quien sí lo hace.

Puedes tener una tradición familiar diferente y respetar la de alguien más.

Puedes pensar distinto sobre determinados temas y aun así conversar sin convertir cada desacuerdo en una pelea.

Incluso puedes decir: “No estoy de acuerdo contigo”.

Lo importante está en cómo lo dices y cómo tratas a la otra persona.

El respeto no exige que borremos nuestras diferencias.

Exige que no utilicemos esas diferencias como una excusa para despreciar a los demás.

También debemos aprender a cuestionarnos

Pero hay otra parte de la conversación que pocas veces hacemos.

Respetar a los demás también implica preguntarnos por qué pensamos como pensamos.

¿Cuántas de nuestras ideas elegimos realmente?

¿Cuántas aprendimos de nuestra familia?

¿Cuántas adoptamos porque todos nuestros amigos pensaban igual?

¿Cuántas cambiaron después de conocer a alguien diferente?

Hacernos estas preguntas no significa renunciar a nuestras convicciones.

Significa tener la suficiente seguridad para examinarlas.

Porque una persona puede tener creencias firmes y, al mismo tiempo, estar dispuesta a escuchar.

Las redes sociales nos ponen a prueba

Y aquí nuestra generación tiene un reto enorme.

En redes sociales es muy fácil terminar rodeados únicamente de personas que piensan parecido a nosotros.

El algoritmo puede mostrarnos una y otra vez las mismas opiniones hasta hacernos creer que todo el mundo piensa igual.

Después aparece alguien que piensa diferente y parece que llegó a nuestro espacio a provocar.

Pero no siempre es así.

A veces simplemente estamos frente a una realidad que no conocíamos.

Eso no significa que tengamos que aceptar cualquier opinión ni tolerar agresiones.

Significa que podemos aprender a distinguir entre escuchar una idea diferente y permitir que alguien nos falte al respeto.

Son cosas muy distintas.

Una sociedad no se construye con personas idénticas

Quizá una sociedad interesante no sea aquella donde todos piensan igual.

Tal vez sea aquella donde personas diferentes pueden compartir un mismo espacio sin tener que dejar de ser quienes son.

Donde podemos conocer otras costumbres sin burlarnos.

Donde podemos hablar de nuestras creencias sin imponerlas.

Donde podemos cambiar de opinión sin sentir que perdimos.

Y donde podemos decir “pienso diferente” sin convertirlo automáticamente en “eres mi enemigo”.

Al final, también se trata de nosotros

A los 23, 20 o 18 años todavía estamos descubriendo muchas cosas sobre quiénes somos.

Estamos formando opiniones, cambiando algunas ideas y encontrando otras que sí queremos conservar.

Por eso quizá esta etapa también sea una buena oportunidad para aprender a convivir con personas que no son exactamente como nosotros.

No tenemos que abandonar nuestras creencias.

No tenemos que fingir que todo nos gusta.

No tenemos que estar de acuerdo con todos.

Pero sí podemos aprender a escuchar antes de juzgar, preguntar antes de asumir y respetar antes de atacar.

Porque quizá crecer no solamente significa descubrir quién eres.

También significa aprender a convivir con quienes son diferentes a ti.

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