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Cuando tu música pasa del papel al Teatro Juárez: nuevas voces suenan con la OSUG

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Tres jóvenes compositores escucharon sus obras interpretadas por una orquesta profesional. “Nuevas voces, grandes maestros” convirtió al Teatro Juárez en un punto de encuentro entre quienes comienzan a abrirse camino y músicos con una trayectoria consolidada.

Imagínate escuchar tu propia obra

Hay una diferencia enorme entre escribir música y escucharla cobrar vida.

Eso fue parte de lo que ocurrió en el Teatro Juárez, donde la Orquesta Sinfónica de la Universidad de Guanajuato (OSUG) presentó el programa “Nuevas voces, grandes maestros”, dentro de su Segunda Temporada 2026 y de la Universiada Cervantina.

La noche tuvo un significado especial para tres jóvenes compositores: sus obras fueron seleccionadas en el certamen DAAD–DEC–DEMAE–OSUG, una iniciativa que permite a estudiantes de composición llevar sus creaciones del papel a una orquesta sinfónica profesional.

Y sí, hacerlo en uno de los escenarios más emblemáticos de Guanajuato cambia bastante la experiencia.

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Tres nuevas voces

El concierto comenzó precisamente con las miniaturas ganadoras del certamen.

Sonaron “Omnia mutantur”, de Vanessa Guadalupe Méndez Martínez, tercer lugar; “Hijos del tiempo”, de Joana Itzel Marcela López Almaguer, segundo lugar; y “El viejo y el mar”, de Gustavo Botello Avilés, primer lugar.

Más allá de la competencia, el proyecto abre una oportunidad poco común para quienes estudian composición.

Porque una partitura puede imaginarse, corregirse y estudiarse muchas veces, pero escuchar cómo decenas de músicos interpretan aquello que alguna vez comenzó como una idea permite descubrir la obra desde otra dimensión.

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Después llegaron los maestros

El encuentro entre generaciones continuó con una de las grandes obras del repertorio romántico: el Concierto para violín y orquesta en mi menor, Op. 64, de Felix Mendelssohn.

El violinista Adrián Barrera asumió el papel solista, acompañado por la OSUG bajo la dirección invitada de Luis Manuel Sánchez.

Aquí el protagonismo pasó al diálogo entre el violín y la orquesta: momentos intensos, otros mucho más delicados y una melodía capaz de demostrar por qué una composición del siglo XIX puede seguir conectando con públicos del XXI.

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Schumann para cerrar la noche

Después del intermedio llegó la Sinfonía n.º 3 “Renana”, de Robert Schumann, una obra de cinco movimientos compuesta en 1850.

Con ella, la OSUG mostró otra cara de la música sinfónica: una orquesta completa construyendo atmósferas, contrastes y emociones a partir de instrumentos que funcionan individualmente, pero encuentran su verdadera dimensión cuando comienzan a escucharse entre sí.

Y quizá ahí estuvo también el mensaje involuntario de toda la noche.

Los grandes músicos alguna vez fueron estudiantes. Las obras que hoy consideramos clásicas alguna vez fueron nuevas. Y cada generación necesita espacios para comenzar a contar sus propias historias.

Esta vez, tres de esas historias comenzaron a sonar en el Teatro Juárez.

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